Discurso del Secretario Arne Duncan al Consejo Nacional de la Raza
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PARA LA DIVULGACIÓN
28 de julio de 2009
el orador se aparta con frecuencia del texto.  

Me doy cuenta que hablo al final de una conferencia en la que ya han escuchado un reparto de admirables oradores. Voy a tratar de ser breve con mis comentarios. Adlai Stevenson dijo que el mejor discurso de sobremesa que había oído en su vida fue: "Camarero, tráigame la cuenta."

Pues, tan breve como eso no voy a ser. Pero es un gran placer estar aquí para dirigirme al Consejo Nacional de la Raza, que es uno de nuestros líderes nacionales en la promoción de la importancia de la educación en la comunidad hispana.

La Raza fue una de las primeras organizaciones progresistas en cultivar y apoyar una extensa red de escuelas charter.

También ha promovido la educación infantil y preescolar para los niños hispanos, cuya representación en estos programas de vital importancia ha sido insuficiente a lo largo de la historia.

Su Directora Ejecutiva, Janet Murgia, ha sido asimismo un líder en su colaboración con otras organizaciones de derechos civiles para cerrar la brecha en el rendimiento académico.

El presidente Obama y yo creemos que reducir la tasa de deserción escolar y elevar el rendimiento académico entre los estudiantes hispanos es indispensable para el futuro de nuestra economía y nuestra nación.

Y es particularmente crucial que un número mayor de estudiantes hispanos se matriculen en la universidad y se gradúen. Hoy les hago un llamamiento a que colaboren con nosotros para fortalecer la cultura de los estudios universitarios en las comunidades hispanas de todo Estados Unidos.

Las estadísticas y el cuadro completo son bien conocidos. Durante la pasada década, los estudiantes hispanos han sido el grupo minoritario más numeroso en nuestras escuelas públicas.

Como superintendente de las escuelas públicas de Chicago durante siete años, vi directamente que la eficacia de muchas de nuestras reformas dependía de nuestros estudiantes hispanos. El año pasado, un poco más del 40 por ciento de los estudiantes en las escuelas públicas de la ciudad eran hispanos.

Y sin embargo todos sabemos que en el ámbito nacional, casi la mitad de los estudiantes latinos desertan de high school—y esos estudiantes tendrán que disputar trabajos en una economía global.

No es ningún secreto que la educación es más importante hoy que nunca para obtener un buen puesto de trabajo.

Para el año 2016—en sólo 8 años que parecerán un abrir y cerrar de ojos—cuatro de cada 10 empleos nuevos requerirán alguna preparación o capacitación avanzada. Treinta de los campos laborales de crecimiento más rápido en la economía actual requieren al mínimo un título universitario.

Pues bien, la ética hispana de trabajar duro es legendaria. Pero los latinos no sólo deben conocerse como la columna vertebral de la economía sino también como su cerebro. Y eso va requerir que un mayor número de estudiantes hispanos asistan a la universidad y se gradúen.

No sé si ha habido alguna vez un gobierno en Washington que esté tan comprometido como el gobierno actual en el mejoramiento del desempeño académico de la comunidad hispana.

Hace un poco más de un año, Barack Obama se dirigió a la convención del Consejo Nacional de La Raza en San Diego. Y dijo que las elecciones se trataban "de los estudiantes latinos que desertaban de la escuela a un ritmo más acelerado que casi todos los demás, y de los niños y jóvenes que asistían a clases desbordadas de compañeros en escuelas insuficientemente financiadas."

Cuando el Presidente dio su discurso que planteaba su agenda de reforma educativa este año, no fue ante la Cámara de Comercio de los EE. UU. Habló ante la Cámara de Comercio Hispana.

El Presidente ya designó a Juan Sepúlveda como Director de la Iniciativa de la Casa Blanca para la Excelencia Educativa de los Hispanoamericanos. Juan es bien conocido por muchos de ustedes. Él ya ha iniciado una serie de coloquios al estilo del cabildo abierto en diferentes partes del país sobre cómo conseguir que los estudiantes latinos logren más en la educación.

Mi Secretaria Asistente para Legislación y Asuntos del Congreso, Gabby Gómez, conoce muy a fondo la problemática que enfrentan los estudiantes hispanos y los distritos que tienen una mayoría latina. Y me complace decirles que el pasado viernes, Thelma Meléndez, fue confirmada como la Secretaria Asistente para la Educación Primaria y Secundaria.

Thelma será la primera hispana en ejercer ese cargo en la historia del Departamento.

Es difícil para mí pensar en otra persona que conozca mejor que Thelma las necesidades de los estudiantes hispanos. Ella fue una estudiante no angloparlante cuando crecía en California, donde su asesor de high school le dijo que nunca la iban a admitir en UCLA. Pues, sí la admitieron en UCLA y obtuvo su doctorado en lenguaje y alfabetización. Pasó a ser maestra de estudiantes no angloparlantes y luego llegó a ser la superintendente del Distrito Escolar Unificado de Pomona—un distrito donde predominan los hispanos y personas de escasos recursos económicos.

Thelma sabe que el bilingüismo puede ser un valioso recurso para los estudiantes y trabajadores en un mercado globalmente competitivo. Pero les diré algo que tal vez no sepan. En las escuelas públicas de Chicago, teníamos el programa de idioma chino más grande del país—y muchos de los estudiantes que estudiaban el chino eran latinos.

Así que quiero que sepan que este gobierno no sólo oye la voz de los líderes latinos. De hecho, estamos convencidos de que mejorar los logros educativos entre los estudiantes hispanos es crucial para el futuro de nuestro país.

Esa es una razón por la que estoy convencido de que tenemos una oportunidad única para reformar nuestras escuelas la cual no podemos permitirnos el lujo de desaprovechar. A esto le he llamado la tormenta perfecta para la reforma.

Por primera vez, hay gobernadores en diferentes partes del país que están asumiendo la responsabilidad de aceptar criterios rigurosos y comunes en matemática e inglés. Han dicho que ya no hay que mentirles a los estudiantes—han rechazado los criterios relajados que llevaban a los estudiantes a creer que estaban preparados para los estudios universitarios cuando no lo estaban.

Por primera vez, tenemos gobernadores que se están saliendo de su zona de comodidad para desafiar el statu quo, y tenemos dirigentes congresistas comprometidos a la reforma.

Y por primera vez, el Departamento de Educación de EE. UU. cuenta con los recursos para incentivar reformas de gran alcance en las escuelas de nuestro país. La semana pasada, el Presidente dio a conocer el proyecto de directrices para el fondo de $4.35 mil millones Carrera a la Cima. Es una reserva de fondos discrecionales para la reforma más cuantiosa que la que tuvieron todos mis antecesores en el Departamento en conjunto.

La Carrera a la Cima es un concurso, y sólo recibirán fondos los estados con los planes de reforma más completos y eficaces.

Tenemos cuatro reformas fundamentales que esperamos de los estados. Es necesario que los estados se esfuercen por establecer normas y evaluaciones comunes compatibles con las internacionales que nos indiquen de verdad si los estudiantes están preparados para los estudios postsecundarios o no.

Los estados tienen que elaborar sistemas de datos que les permitan seguir de cerca con mayor eficacia el desarrollo en el aprendizaje de los estudiantes y adaptar la instrucción a la medida de sus necesidades.

No es ningún secreto que el talento es un factor muy importante. Y para elevar la calidad de los maestros y directores—sobre todo en las escuelas de alta pobreza y las materias difíciles de dotar de instructor—los estados y distritos deben tener la capacidad de identificar a sus maestros más y menos efectivos, y colocar a los mejores maestros donde se necesitan más.

Y finalmente para cambiar radicalmente el desempeño de las escuelas de rendimiento más bajo, los estados y distritos deben estar preparados para implantar reformas de gran alcance, reemplazar el personal escolar, y cambiar la cultura de la escuela. No podemos continuar intentando hacer pequeños ajustes en escuelas secundarias que más que nada son "fábricas de desertores" donde los estudiantes se quedan cada vez más atrás, año tras año.

Estas cuatro reformas son indispensables si vamos a comenzar a cerrar la brecha en el rendimiento y hacer realidad el sueño de la igualdad de oportunidad en la educación.

Pero tenemos a nuestro favor otra fuerza única. Y le llamo el "Efecto Barack". Gracias al presidente y la primera dama, la educación se ha vuelto a poner de moda y ha adquirido gran popularidad entre los jóvenes.

A los jóvenes les oigo decir muy a menudo que no sólo aspiran a ser el presidente, sino que aspiran a ser inteligentes como el presidente.

Espero que en las comunidades latinas, los padres y los hijos comiencen a hablar del "efecto Sotomayor". La historia de la Juez Sotomayor es admirable en muchos aspectos. Pero me encanta lo que ella dijo del poder de la educación.

El padre de la Juez Sotomayor era un trabajador de fábrica cuya escolarización terminó con el tercer grado. Falleció cuando Sonia tenía sólo nueve años—y la madre de Sonia tenía que trabajar seis días por semana para criar a Sonia y su hermano en un proyecto de vivienda pública en el Bronx con su sueldo de enfermera.

Pero la madre de Sonia Sotomayor les dijo a sus dos hijos que la educación era la clave del éxito en Estados Unidos. Sus hijos eran los únicos en su vivienda pública que tenían el juego completo de la Enciclopedia Británica.

En la noche, la madre de Sonia se sentaba en la mesa de la cocina con sus hijos para estudiar a su lado para que pudiera titularse como enfermera. Y creo que ya conocen el resto de la historia. Sonia Sotomayor obtuvo las calificaciones más altas de su promoción en su high school, y en su promoción de la universidad de Princeton, y fue una redactora del Yale Law Journal, la prestigiosa revista de la facultad de derecho de la universidad de Yale. Y confío en que pronto será la primera hispana de la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Pienso que la Juez Sotomayor lo expresó mejor al afirmar que "mi hermano y yo crecimos en los proyectos. Pero gracias al énfasis que mi madre ponía en la educación, estamos viviendo vidas maravillosas plenas, liberados de los grilletes de la pobreza."

Quiero que todo niño y toda niña tenga la oportunidad de desarrollar su potencial como Sonia Sotomayor y no verse refrenado por el color de su piel o la carga de la pobreza.

El gobierno busca convertir esos sueños en realidades para un mayor número de estudiantes. Y vamos a hacer un esfuerzo sin precedente para aumentar no sólo el número de estudiantes que siguen los estudios postsecundarios sino también la tasa de graduación de la universidad.

La meta del Presidente Obama es que los EE.UU. vuelva a registrar la proporción más alta de graduados universitarios en el mundo. Y desea que todo norteamericano tenga al menos un año de universidad o capacitación técnica. El presupuesto del Departamento, y la Ley Americana de Recuperación y Reinversión promulgada a comienzos de este año, asignan la mayor cantidad de fondos para la educación postsecundaria desde que la Ley de los Veteranos de 1944 (el GI Bill) envió a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial a la universidad y creció la clase media de Estados Unidos.

El valor monetario de las Becas Pell para los estudiantes de bajo ingreso económico aumentará en aproximadamente 10 por ciento. Y estamos incrementando de 6 millones a 7 millones el número de estudiantes que reciben becas Pell. Con todo, vamos a aumentar el financiamiento de las Becas Pell en casi $42 mil millones a lo largo de los próximos cinco años.

Me complace informarles que también hemos simplificado el formulario de solicitud para la ayuda económica federal y pronto esta nueva versión estará disponible en español.

Soy gran partidario de la propuesta Ley del Sueño (Dream Act) porque todos los estudiantes, sin importar su condición, merecen la misma oportunidad para una educación universitaria de calidad. El presidente Obama hizo esfuerzos para que se aprobara la versión estatal en Illinois de la Ley del Sueño, y colaboró arduamente con el Senador Durbin para conseguir que la versión federal pasara el Senado.

Aun así, todos estos nuevos recursos no serán suficientes si los padres y las comunidades no se esfuerzan más por apoyar y alentar a los hijos a graduarse de la universidad.

Aunque nuestras escuelas públicas tienen más estudiantes hispanos que negros, en las universidades es todo lo contrario. Los estudiantes hispanos tienen menor probabilidad que los estudiantes negros de asistir a la universidad o titularse. En 2005, sólo el 11 por ciento de todos los estudiantes universitarios a nivel pregrado eran hispanos.

Sé que la baja proporción de estudiantes hispanos que asiste a la universidad y se gradúa tiene raíces complicadas. A la comunidad hispana se le pueden atribuir tantas virtudes—una fuerte ética del trabajo duro, y fuertes valores religiosos y familiares.

Pero hay casos en que algunas de estas mismas virtudes no ayudan a los estudiantes a escalar la montaña hasta la universidad. Cuando un joven latino abandona los estudios secundarios y comienza a trabajar para mantener a su familia, él mismo, al final, se está limitando el potencial. Cuando los padres de familia que trabajan mantienen en casa a sus hijos para cuidar a sus hermanos menores porque no creen en las guarderías infantiles organizadas, quienes salen perdiendo son esos estudiantes.

Creo que necesitamos crear una cultura de estudios universitarios más fuerte en las comunidades hispanas de bajo ingreso económico. Necesitamos más padres como la madre de Sonia Sotomayor, quien les dijo a sus hijos: estudiarán duro y triunfarán en la universidad y se graduarán—aunque yo tenga que trabajar seis días por semana para que se haga realidad.

Necesitamos más padres que les digan a sus hijos que no sólo apaguen la X-box sino que saquen la Enciclopedia Británica y se pongan a leer.

Así que reto a los padres y las comunidades a participar más en el cultivo de esa cultura de estudios universitarios y a celebrar la importancia de los logros académicos.

Y como parte de esa misión les aliento a desarrollar una nueva generación de maestros hispanos. El veinte por ciento de todos los estudiantes en las escuelas públicas de los Estados Unidos son latinos. Pero sólo el 5 por ciento de sus maestros son latinos.

En Chicago, las cifras son tan desiguales—el 41 por ciento de los estudiantes son latinos pero sólo el 15 por ciento de los maestros son hispanos.

Ya sé que no se consigue fácilmente ese tipo de cambio que estoy pidiendo. Pero se puede conseguir. De 2004 a 2008, la tasa de de graduados latinos en las escuelas públicas de Chicago que se matricularon en la universidad creció 9 por ciento, un incremento mucho más rápido que el pequeño incremento en la tasa nacional de hispanos que asisten a la universidad.

De modo que al regresar a su comunidad después de esta conferencia, les agradezco el servicio que han prestado y celebro los grandes aportes de La Raza y la comunidad hispana.

Pero también les reto a ayudarnos, a ayudar a dar el próximo paso para convertir los estudios universitarios para nuestros jóvenes estudiantes latinos en expectativa y no una excepción al alcance de los pocos.

Nos estamos acercando a hacer realidad el sueño de la igualdad de oportunidad en la educación. Hemos tardado mucho tiempo para llegar aquí. Pero juntos, por el bien de nuestros hijos, vamos a aprovechar este momento único en la historia de la reforma educativa.

Gracias por todo lo que han hecho—y continúan haciendo—para mejorar las escuelas de nuestra nación.


 
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Last Modified: 05/02/2011