¿Los Estados Unidos realmente está tomando en serio educar a todos los niños?
Intervención de la Secretaria Spellings con motivo del Quincuagésimo Octavo Seminario Nacional de la Education Writers Association
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PARA LA DIVULGACIÓN
6 de mayo de 2005
el orador se aparta con frecuencia del texto. Enlaces: Sonya Sánchez
(202) 205 3606

Creo que estamos enfrentando un momento determinante en la historia de nuestra nación. ¿Realmente tomamos en serio la meta de educar a todos los niños en los Estados Unidos?

La gran mayoría de nosotros sí. Y eso significa que hemos desechado algunas de las viejas actitudes y conductas, hemos confrontado la verdad, nos hemos remangado y puesto manos a la obra.

Según como algunos lo explican, la reforma es tan problemática que no vale la pena. Hace poco leí una carta al Jefe de Redacción del Wall Street Journal que me disgustó.

Decía que el Congreso y la administración colocaron "una carreta demasiado cargada (los desafortunados con discapacidades) antes que el caballo (los excepcionalmente talentosos) que debe jalar la nación hacia delante."

¡Indignante! ¡Increíble!

Vengo aquí para reafirmar que todos los niños merecen una educación de alta calidad. Eso tal vez sea contrario a [lo que piensan] algunas personas "interesadas" que no se preocupan por los niños que necesitan ayuda—sean éstos discapacitados, no angloparlantes, de familias desfavorecidas u hogares deshechos—a no ser, por supuesto, que se trate de su propio niño.

Debemos darles a todos la oportunidad. Es el imperativo moral del siglo 21. Y afortunadamente, hay muchas personas que están de acuerdo.

Por ejemplo, Dayle Timmons, el Maestro de Escuela del Año del estado de Florida en 2004, dijo que la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás es "una de las leyes para los estudiantes de educación especial más estimulantes que se haya presentado...Todavía no sabemos la capacidad de hacer de nuestros niños. Así que estoy muy ilusionado de que la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás diga que… estos niños cuentan, valen algo, son importantes. Y, no podemos permitir que éstos niños se queden atrás."

Jamás en el pasado durante los 229 años de historia de nuestra nación, los Estados Unidos ha hecho una promesa de proporcionar a todos los niños una educación de alta calidad. Reflexionen sobre eso un momento.

"Han reportado sobre los estudios de investigación que muestran que para demasiados estudiantes, un diploma de se ha convertido en poco más que un 'certificado de asistencia'. A millones de niños se les ha dado una silla en el salón de clase pero no una educación valiosa y útil."

La decisión judicial Brown v. Board of Education garantizó esa silla. Pero evidentemente eso no fue suficiente. Tampoco fue la legislación original, la Ley de Educación Primaria y Secundaria, conocida por sus siglas en inglés ESEA (Elementary and Secondary Education Act), que ya cumplió 40 años. No fue hasta 2001, con la aprobación de la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás, cuyas siglas en inglés son NCLB (No Child Left Behind) que nosotros, como nación, finalmente nos miramos al espejo detenidamente y nos dijimos basta ya. Hay que abordar la brecha en el rendimiento. El rendimiento académico de los estudiantes tiene la más alta prioridad. Importan los resultados. Según indica la investigación, una vez que un niño comienza a quedarse atrás, le resulta sumamente difícil recuperar el terreno perdido. También nos indica que si un niño no sabe leer durante el tercer grado a más tardar, es posible que nunca se vuelva a emparejar con los demás estudiantes.

Por esa razón, hay que tomar la reforma educativa en serio. Ya no más excusas.

Es por eso que hace tres años se alinearon las estrellas—lo cual no se da en Washington con gran frecuencia. Los padres exigían rendición de cuentas y transparencia efectivas; los contribuyentes reclamaban algo de valor a cambio de su inversión; las empresas comprendían la necesidad de contar con empleados mejor preparados para poder seguir competitivos en el mercado global; y los niños atrapados en escuelas de bajo rendimiento necesitaban desesperadamente una oportunidad. El mensaje se oyó a los niveles más altos del gobierno y en ambos partidos del Congreso. Y así nació la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás.

En tan sólo tres años, se ha logrado mucho. Los 50 estados todos—incluidos los que impugnan la ley, cabría añadir—cuentan con planes de rendición de cuentas que han sentado las bases para la mejora continuada de las escuelas y la efectiva superación de los estudiantes.

La evaluación es una cara de la moneda; el cumplimiento es la otra. Por ese motivo el Departamento de Educación retuvo recientemente fondos que iban destinados a un estado grande del suroeste. Esta representa la tercera vez que se retienen fondos a un estado conforme a Que Ningún Niño Se Quede Atrás. Pero no es sólo porque nos importa el cumplimiento, sino porque lo que más nos importa son los niños en las escuelas. También nos importa que demasiados estudiantes de educación especial están tomando exámenes de bajo nivel, y estamos colaborando con el estado de Texas para abordar ese problema.

¿Me gusta retener los fondos? Claro que no. Preferiría mucho más que los estados siguieran la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás porque al fin y al cabo, la ley y los fondos que la misma trae aparejados ayudan a los niños.

No se trata solamente del cumplimiento con los "federales". Se trata de las consecuencias para los niños si nos hacemos la vista gorda.

¿Es fácil la reforma nacional de las escuelas? No—jamás se dijo que lo fuera. Pero esta ley no va a desaparecer. Soy mamá con dos hijos; a veces siento que esta ley es un tercer hijo mío (para la gran consternación de mi hija). La ley ya tiene alrededor de tres años. Es decir, acabamos de sobrevivir la tremenda etapa de la infancia. Algunas personas siguen sufriendo de lo que yo calificaría de "dolores de crecimiento".

Ciertos estados están probando los límites de la ley, tratando de ver cuán lejos pueden apartarse de ella sin perder los fondos federales. El estado de Utah aprobó recientemente, y el gobernador firmó esta semana, una ley que posiblemente esté en conflicto con la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás. Pero esperaría que los contribuyentes del estado se dieran cuenta de la realidad:

Utah tiene una de las brechas en el rendimiento académico más amplias de todo el país. Los estudiantes hispanos del cuarto grado se desempeñaron al nivel más bajo de todos los hispanos del país en la National Assessment of Educational Progress (NAEP) o Evaluación Nacional del Progreso Educativo. Y al analizar los datos del propio estado, se descubre que la brecha en el rendimiento se ensancha con el tiempo.

Y el estado de Utah podría perder más de $76 millones en fondos federales—destinados a los niños más necesitados de Utah.

La Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás es una asociación entre los estados y el gobierno federal. Así pues, si los legisladores de Utah creen que ésta es una acción correcta, deben explicársela a los padres de familia y contribuyentes hispanos. Tendrán que decirles por qué rechazaron el "dinero apestoso" del gobierno federal, como lo tachó un legislador de Utah.

Otro estado, Connecticut, también ha figurado en las noticias últimamente. Este estado ha amenazado con un pleito para que pueda seguir recibiendo fondos federales para los exámenes anuales de los estudiantes y otras partes de la ley, sin someter a exámenes, en realidad, a todos los estudiantes, cada año. No sé si les pasa a ustedes también, pero cuando se trata de mis hijos, yo quiero ver el progreso que están haciendo cada año. No me gustaría que se saltara un año antes de enterarme de cómo les está yendo en la escuela. Esto, simplemente, no tiene sentido.

Al igual que Utah, a Connecticut le falta un largo camino. Miremos de cerca los datos sobre el rendimiento correspondientes al estado de Connecticut. Los estudiantes afroamericanos del cuarto grado del estado obtuvieron 37 puntos menos que los estudiantes blancos en lectura y 32 puntos menos en matemáticas, según la NAEP de 2003. El examen de aptitud del estado, el Connecticut Mastery Test del año escolar 2003-04, reveló que el 88 por ciento de los estudiantes blancos del octavo grado eran competentes o iban avanzados en esas materias, mientras que los resultados de los estudiantes hispanos y afroamericanos del octavo grado oscilaban entre el 48 y el 53 por ciento

Hay lugares en Connecticut donde la brecha en el rendimiento se está estrechando. Por ejemplo, Amistad Academy Charter School, que el diario el New Haven Register calificó de "'Que Ningún Niño Se Quede Atrás' en acción," está logrando resultados admirables para sus estudiantes. El 97 por ciento de los estudiantes de Amistad son afroamericanos o hispanoamericanos. Al entrar en el quinto grado, los estudiantes suelen estar dos años atrasados en lectura y matemática. Pero con mucho empeño y muchas horas de trabajo, se está demostrando que sí se puede hacer. Los estudiantes de Amistad igualan o rebasan los puntajes en muchos de los pueblos más ricos de Connecticut, tales como Greenwich y Madison.

Estos son los niños a los que la ley NCLB fue diseñada para ayudar. Gracias a la medición anual y el desglose de los datos, se sabe quién necesita ayuda. Me gusta decir que lo que se mide, se consigue. Habría que preguntar por qué un responsable de políticas no querría contar con ese tipo de datos e información.

Es cierto que en el pasado, algunos estados han optado por no participar en los programas federales de educación. Por ejemplo, Nuevo México eligió no acogerse durante 6 años a la ahora denominada Ley de Individuos con Discapacidades (Individuals with Disabilities Education Act ó IDEA por sus siglas en inglés). Como consecuencia, el estado perdió aproximadamente $23 millones en fondos federales para sus estudiantes con discapacidades. Y en un principio, cinco estados decidieron no participar en la ley de reforma educativa de hace una década conocida por Goals 2000.

Queremos que los estados vean Que Ningún Niño Se Quede Atrás como una colaboración o asociación—una que les permita asumir un papel protagónico respecto a la reforma, renovar el espíritu del federalismo que guía la educación. El mes pasado, di a conocer un nuevo enfoque de sentido común a la implementación de Que Ningún Niño Se Quede Atrás, permitiendo flexibilidad donde sea posible y necesaria. Pero este enfoque establece como condición garantizar que se haga progreso anual real hacia el objetivo de que todos los niños, sin excepción, sepan leer y hacer matemática al nivel correspondiente a su grado. Ese objetivo sólo se puede lograr adhiriéndose a los puntos brillantes y fundamentales contenidos en la ley respecto a los exámenes anuales y el desglose de datos por subgrupos de estudiantes.

Creo que los estados de Connecticut, Utah y Texas quieren de verdad hacer lo que más les conviene a sus estudiantes. Y espero sinceramente que podamos resolver nuestras diferencias. Pero para cada uno de estos estados que reciben cobertura en los medios de comunicación, hay decenas de otros que en forma callada están procediendo con sus gestiones, implementando la ley, y obteniendo resultados. Por favor, fíjense también en ellos de vez en cuando.

Por ejemplo, Louisiana se ha esforzado mucho, al desechar su sistema de evaluación que no cuadraba con los criterios mínimos, a fin de elevar el nivel de los estudiantes con discapacidades. Wyoming ha establecido robustos y rigurosos objetivos de Progreso Anual Adecuado. Massachusetts, Maryland y Pennsylvania lograron muy bien ajustar su sistema de evaluación a la nueva ley, lo cual puede resultar, a veces, difícil. Florida, Michigan, Alabama, West Virginia y Washington sin dificultad alguna están integrando el programa Antes que nada: La lectura (Reading First) a su programa de estudios. Programas como el sistema de evaluación STARS del estado de Nebraska y el Centro de Maestros de Mississippi (Mississippi Teacher Center) están ayudando a los distritos escolares a captar, capacitar y retener los maestros altamente calificados que necesitan nuestros hijos urgentemente, según lo dispuesto en la ley.

La lista de estos estados no para ahí. Y el esfuerzo ya está dando sus frutos: en estados como Carolina del Norte, Wisconsin, Massachussets, Georgia, Illinois y Nuevo México, sólo para nombrar algunos, los estudiantes se están superando y se está cerrando la brecha en el rendimiento.

Así pues, la gran mayoría de los estados están cumpliendo con su función de manera callada. Y unos cuantos estados están protestando de manera enérgica. Y hay un pleito entablado por un sindicato.

Eso no lo calificaría de "rebelión". La mayoría de los estados están esforzándose mucho, ayudando a los estudiantes a superarse. Esa es la realidad. Se trata de una "revolución callada" de rendición de cuentas y estándares más altos. Una revolución que no ha recibido la debida cobertura en los medios de comunicación, agregaría yo. "El hombre le muerde al perro."

Examinemos de cerca la demanda presentada por el sindicato. No se ha sumado a ella ningún estado. Y sólo un reducido grupo o dos de los afiliados de la National Education Association (NEA) se han hecho parte de la acción judicial.

Muchos escritores de editoriales y columnistas han cuestionado la sabiduría del pleito de NEA. Salí nombrada en la demanda, y por ese motivo, los abogados no recomiendan que hable mucho. Por eso, en vez de hablar yo, citaré a otras personas.

Brent Staples, editorialista del consejo de redacción del New York Times, dijo que la ley "resulta ser la mejor esperanza para garantizar a los niños negros y latinos la igualdad de oportunidad en la educación. …A menos que la comunidad de personas dedicadas a los derechos civiles adopte una posición más enérgica y más difundida, ella será vista, indefectiblemente, como haberse perdido la batalla de derechos civiles más importante del último medio siglo."

Y el jefe de redacción de asuntos públicos del Chicago Tribune, Don Wycliff, en un editorial coincidía en que "[Staples] acertó en la diana del blanco, y espero que la comunidad de derechos civiles—ellos saben a quiénes se está refiriendo—y otros oponentes a Que Ningún Niño Se Quede Atrás reparen en su mensaje. En beneficio de los niños." El Sr. Wycliff agregó, "…no hay que pasarle dinero como fue el caso del comentarista Armstrong Williams, para hacer que le guste Que Ningún Niño Se Quede Atrás." Sí, ¡lo acabo de mencionar de verdad!

El argumento del dinero es un despiste. Varios estudios independientes revelaron que el financiamiento de hecho es adecuado para la implementación de la ley NCLB. Asimismo, la Contraloría General del Gobierno o GAO (Government Accountability Office) ha afirmado que como la ley NCLB es un programa voluntario que trae aparejadas ciertas condiciones para poder recibir fondos, no constituye un mandato federal de conformidad con la Ley de Reforma de los Mandatos sin Fondos (Unfunded Mandates Reform Act).

Algunas de las objeciones a la ley están centradas en las disposiciones relativas a los exámenes. Sin embargo, la mayoría de los estados ya cuentan con una infraestructura de administración de exámenes—y la ley fue aprobada con apoyo bipartidista y un aumento cuantioso en el gasto federal para ese fin. A lo largo de los últimos tres años, el financiamiento federal conforme a la Ley NCLB ha aumentado en un 40 por ciento. El financiamiento para la enseñanza del jardín infantil al doceavo grado ha aumentado en un 37 por ciento. Por otro lado, si se toman en cuenta solamente los fondos otorgados por el Título I para los estudiantes desfavorecidos, el financiamiento ha aumentado en un 45 por ciento. Y, por supuesto, en términos nacionales, se estima que se está gastando este año $536 mil millones en la educación del jardín infantil al doceavo grado, un monto superior al Producto Interno Bruto de Rusia.

En resumen: las acciones contrarias tomadas por pocos estados y una organización sindical no constituyen una "rebelión popular". El caso es que la mayoría de las organizaciones de educación nacionales más respetadas están colaborando con nosotros para continuar con el progreso nacional sin precedente que se ha iniciado con Que Ningún Niño Se Quede Atrás. Es el mismo caso con la mayoría de los estados, 15,000 distritos escolares y 96,000 escuelas de todo el país. Continuaré colaborando con ellos, y anhelo el día en que todos los grupos puedan concentrarse en ayudar a los niños más vulnerables de la sociedad a recibir una educación que una nación como la nuestra es capaz de dar.

Permítanme hacer un comentario más. En ninguna parte de esta ley aparecen las palabras "escuela fracasada o reprobada". Y sin embargo esta frase que tanta angustia provoca se usa con frecuencia en los titulares y los textos de sus notas periodísticas. Más bien, creemos que esas escuelas tienen "necesidad de mejoras", y así reza la ley textualmente. Y si al cabo de muchos años de bajo rendimiento, tal escuela ya está midiendo el desempeño de sus estudiantes cada año, desglosando los puntajes o las calificaciones por grupo de estudiantes, prestando atención especial cuando corresponda, y dando a los padres información oportuna y exacta, entonces no les está fallando a sus estudiantes. Esta escuela ha dado los primeros pasos para encaminarse hacia la meta, y ya le seguirá el alto rendimiento de los estudiantes.

Toda organización puede mejorarse, y a todos nosotros nos serviría mejorarnos un poco. No cabe la menor duda de eso en un país donde de cada 100 muchachos y muchachas de 17 años, sólo 72 obtienen su diploman a nivel de high school cada año.

Otra palabra que, a mi criterio, debe emplearse con cuidado es "sanciones". No es sanción dar a un niño que asiste a una escuela con rendimiento deficiente la oportunidad de cambiarse o recibir ayuda académica particularizada en forma de tutoría gratuita. Y ya sé que esa palabra va a aparecer con mayor frecuencia a medida que vaya madurando esta ley, ya que NCLB requiere la intervención del estado mediante el otorgamiento de ayuda a los niños atrapados en estas escuelas, en forma de desarrollo profesional, asistencia técnica, reevaluación del programa de estudios, etc. Cabe señalar nuevamente que esas medidas no me parecen "sanciones".

Tengo un poco más de 100 días ahora en este cargo. Me ha tocado ocuparme de monos de caricatura e investigaciones internas, pronunciamientos sobre la implementación de NCLB, y tratar de impulsar la reforma de escuelas secundarias como el próximo paso lógico. No ha sido aburrido.

Pero trato de no permitir que el bullicio de cada día ahogue la verdad callada: que cada día que entre en el despacho, pueda hacer algo para ayudar a alguien, en alguna parte a recibir una educación de calidad.

El Presidente Bush y yo estamos impulsando este asunto de derechos civiles a primera plana en el ámbito nacional. Contamos con algunos aliados, pero nos faltan muchos más. Sé que hay otros que creen que hacemos bien en tomar esta acción.

Poco después de que el Congreso de Utah aprobó su proyecto, Jim Martín, un valiente maestro del cuarto grado escribió un editorial que apareció en el Salt Lake Tribune. En su artículo, instó a la introspección:

El escribió lo siguiente: "La disparidad entre los estudiantes de color y sus compañeros blancos es sorprendente, por decir poco, y si el gobierno federal nos obliga a reconocer esta sombría realidad… todos debemos admitir que existe una brecha en el rendimiento. Todos debemos admitir que esta brecha en el rendimiento está trazada notoriamente por líneas raciales. Y todos debemos admitir que todo tiene que ver con la raza. Se ha hecho virtualmente invisible, salvo a las personas de color que viven con ello todos los días. Por otro lado, la evidencia salta a la vista. Prácticamente reclama nuestra atención a gritos."

La escuela primaria Robles Elementary School aquí mismo en el área metropolitana de Tampa—Saint Petersburg también cree en el "desvalido." El 90 por ciento de sus estudiantes reciben almuerzos gratuitos o a precio reducido. No obstante, la escuela hizo progreso anual adecuado conforme a NCLB. La subdirectora Bonnie McDaniel dice que el secreto consiste en ver a "cada estudiante que llega a la escuela como un estudiante que puede aprender y superarse."

Sabemos que todos los niños pueden aprender si se les da la oportunidad. Que Ningún Niño Se Quede Atrás les da a todos los niños esa oportunidad—los niños en la clase del Sr. Martín, en Robles Elementary y en salones de clase a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos de América. Estos educadores creen en sus estudiantes, y yo también. Ya sé que ustedes también.


 
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Last Modified: 02/05/2009