Cerrar la brecha del rendimiento académico y mantener la economía fuerte
Comentarios preparados para la Secretaria Spellings para la Conferencia Legislativa de la Cámara Hispana de Comercio de los Estados Unidos
Archived Information

in English

PARA LA DIVULGACIÓN
19 de abril, 2005
el orador se aparta con frecuencia del texto. Enlaces: Sonya Sánchez
(202) 205 3606

Lamentablemente no domino el español; pero por haber vivido en Texas, he podido asimilar algunas palabras. Mis asesores en Washington se han acostumbrado a oírme decir, "¡Pronto!" Me gusta ver los resultados rápido.

Y es por eso que me siento muy satisfecha con el progreso que ha hecho la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás tan sólo en los últimos tres años. A lo largo y a lo ancho del país, los puntajes en los exámenes están subiendo, y la brecha en el rendimiento entre los estudiantes minoritarios y los blancos finalmente está empezando a cerrarse. El porcentaje de estudiantes hispanos del cuarto grado competentes en matemática se ha duplicado entre el año 2000 y 2003. Esa es una muy buena noticia; y es apenas el comienzo.

La comunidad empresarial se ha unido en torno a Que Ningún Niño Se Quede Atrás. No es de extrañarse. Las empresas entienden que si deseamos que nuestra economía siga creciendo, hay que asegurar que todos los estudiantes se gradúen preparados para triunfar en el futuro.

Contamos con las empresas hispanas para formar parte importante de ese futuro. En la actualidad, los hispanos son propietarios de más de un millón de negocios en los Estados Unidos. Ese número no va a dejar de crecer. Antes de 2007, una de cada diez pequeñas empresas será de propiedad hispana. Esta es una era de gran oportunidad. Y hay que cerciorarnos de que todos los estudiantes estadounidenses tengan la capacidad de progresar.

Todo comienza con una educación de calidad. Por esa razón, hace tres años el Presidente Bush promulgó con su firma la Ley Que Ningún Niño Se Quede Atrás. La ley dice que todos los niños y los jóvenes pueden alcanzar un alto nivel en la escuela y que se debe medir el progreso de los estudiantes cada año para cerciorarnos de que así sea.

Que Ningún Niño Se Quede Atrás requiere una evaluación anual de todos los estudiantes del tercero al octavo grado en lectura y matemática. Y establece como obligación el desglose de los resultados en los exámenes por subgrupos demográficos, de modo que podamos asegurarnos de que todos nuestros estudiantes estén progresando.

Estas evaluaciones nos ayudan a determinar cuáles estudiantes requieren ayuda adicional y en qué materia. Sin las evaluaciones anuales, no habría cómo medir la eficacia de nuestras reformas. Y sin la medición, no puede existir responsabilidad de los resultados. Un dicho en inglés expresa bien este concepto: what gets measured gets done; es decir, lo que se mide, se hace.

Todos los presentes entienden la importancia de la rendición de cuentas. Dependen de ella en su vida cotidiana. La rendición de cuentas es lo que hace que sus empresas sean un éxito. Y en la época anterior a Que Ningún Niño Se Quede Atrás, ¡qué falta nos hacía [la rendición de cuentas] en nuestras escuelas!

Anteriormente, el desempeño de los subgrupos, tales como los estudiantes minoritarios, los de bajo ingreso económico y los que tienen necesidades especiales, pasaba inadvertido en promedios engañosos. Incluso fue muy común pasar por alto a algunos estudiantes y sus dificultades en el ámbito académico. Que Ningún Niño Se Quede Atrás nos forzó a enfrentar esta brecha en el rendimiento y hacer algo al respecto.

Ahora nuestra expectativa es que todos los estudiantes—incluidos los recién expuestos al inglés y los recién llegados a nuestro país—alcancen altos niveles en la escuela. Estamos aportando casi $700 millones en fondos para ayudar a los estudiantes que están aprendiendo el inglés a alcanzar el mismo alto nivel que sus compañeros. Un informe que se publicó el mes pasado indicaba que por primera vez en la historia, todos los estados cuentan ahora con rigurosos criterios para ayudar a medir el progreso de los estudiantes en el aprendizaje del inglés. Lo mejor de todo es que estemos cerciorándonos de que estos estudiantes se mantengan al mismo paso que sus compañeros en lectura y matemática. El aprendizaje del idioma inglés deberá ayudar a los estudiantes a adelantar en la escuela—no retrasarlos. Cuando las familias vienen a este país, merecen saber que sus hijos recibirán una educación de primera categoría en cualquier escuela pública.

Y cuando las escuelas no logran cumplir con esta responsabilidad, Que Ningún Niño Se Quede Atrás da a las familias nuevas opciones como la posibilidad de cambiarse a una escuela de mejor rendimiento o la tutoría gratuita fuera de las horas de clase. Estos recursos ayudan a crear igualdad de circunstancias para las familias que sin ellos no habrían podido pagar la ayuda adicional para sus hijos. El año pasado, cerca de 250,000 estudiantes aprovecharon estos servicios, y esa cifra está creciendo.

Una de esos estudiantes era Patricia Hernández en Vineland, Nueva Jersey. Cuando su familia llegó de México a los Estados Unidos hace un poco más de un año, enfrentaban una seria barrera lingüística. Patricia tenía dificultades en la escuela hasta que sus padres supieron que ella tenía derecho a la tutoría gratuita conforme a Que Ningún Niño Se Quede Atrás. Ésta ha sido de gran utilidad para ella. Las calificaciones de Patricia han subido, y se está sintiendo más cómoda con el inglés. Ahora aspira a ir a la universidad y ser maestra de escuela. Esa es una gran historia, y le deseamos la mejor suerte.

Es nuestra intención ayudar a una mayor cantidad de familias, como la de Patricia, a asumir un papel activo en la enseñanza de sus hijos. Una y otra vez los estudios han demostrado que la educación se clasifica como la más alta prioridad en la comunidad hispana. Existe un gran interés. Lo único que falta es hacer correr la voz sobre las oportunidades y los recursos que están a disposición de la gente.

Que Ningún Niño Se Quede Atrás dota a los padres de la información [necesaria] para tomar las mejores decisiones para sus hijos. Todo padre—sin importar el tiempo que tenga viviendo en este país o lo bien o mal que hable el inglés—necesita conocer sus opciones con esta ley.

Quiero dar las gracias a la Fundación de la Cámara de Comercio Hispana de los Estados Unidos por habernos ayudado a correr la voz mediante su participación en el programa de los Partners in Hispanic Education ['Compañeros en la Educación Hispana']. El año pasado, esta alianza ayudó a dotar a millares de hispanos de más información sobre la educación y las escuelas.

Aún queda mucho trabajo por hacer. Un estudio realizado el año pasado por el Pew Hispanic Center indicó que el 95 por ciento de los padres hispanos consideran que es importante para sus hijos ir a la universidad, pero más del 75 por ciento de ellos dice que los recursos económicos representan un obstáculo importante para lo mismo. Por tanto, sólo alrededor de uno de cada diez hispanoamericanos llegará a recibirse en la universidad. En un mundo en el que el 80 por ciento de los puestos de empleo de crecimiento más rápido requieren una formación postsecundaria de alguna clase, es imprescindible cerrar esta brecha entre los sueños y la realidad.

Su fundación, junto con otras organizaciones como el Fondo de Becas para los Hispanos (Hispanic Scholarship Fund), está ayudando a las familias a convertir el sueño de la universidad en realidad. La clave consiste en dar a los padres más información sobre las oportunidades de ayuda económica. El presidente y yo creemos que las preocupaciones económicas no deben atenuar las aspiraciones de un niño a asistir a la universidad. Por ese motivo, él ha propuesto un incremento en el financiamiento de las Becas Pell por más de $19 mil millones a lo largo de los próximos 10 años. Y a lo largo de los próximos cinco años, se aumentará la beca máxima a los estudiantes de su nivel actual de $4,050 a $4,550. Sólo durante el próximo año, estos cambios beneficiarán a 5.5 millones de estudiantes de bajo ingreso económico.

Naturalmente, no se puede mandar una mayor cantidad de estudiantes a la universidad a no ser que se les dé antes una educación secundaria de calidad. Estamos enfrentando retos graves. Casi el 33 por ciento de los estudiantes que entran al noveno grado no se gradúan a tiempo. Como muchos de ustedes ya lo sabrán, la deserción escolar entre los estudiantes hispanos es casi cuatro veces más alta que la de los estudiantes blancos. Y es el doble de la de los afroamericanos. Y según el Manhattan Institute, aun cuando los estudiantes se gradúan de high school, suelen estar mal preparados para los retos de la universidad.

Como consecuencia de ello, la comunidad empresarial acaba por pagar la educación de nuestros estudiantes dos veces—primero como contribuyente tributario y luego como proveedores de educación compensatoria. Según algunas estimaciones, las empresas norteamericanas, las universidades y, desde luego, los contribuyentes deben gastar cada año miles de millones de dólares en educación compensatoria sólo para enseñar a los empleados y los estudiantes los conocimientos básicos que deberían haber logrado dominar durante la escuela secundaria.

Los costos son aun más altos para nuestros hijos. El graduado de universidad gana como promedio más de $53,000 por año. En comparación, el promedio de sueldo que gana el desertor de high school es menos de $23,000 por año. Ese no es el futuro que deseamos para nuestros hijos cuando soñamos con que se conviertan en empresarios dueños de su propia empresa. Estamos enfrentando una nueva brecha—"una brecha en la capacidad," que deja a nuestros graduados de la secundaria mal preparados para la vida que les queda por delante.

Para cerrar esta brecha, el Presidente ha propuesto una nueva Iniciativa para las Escuelas Secundarias (High School Initiative) de $1.5 mil millones. Esta iniciativa permitirá a los high schools desarrollar programas de intervención oportunos para salvar a los estudiantes en riesgo de quedarse atrás. La iniciativa ayudará a garantizar que todos los estudiantes se gradúen con la capacidad necesaria para triunfar en la vida.

El siguiente ejemplo muestra cómo funcionará el programa. Antes de que los estudiantes comiencen el noveno grado, los high schools estudiarán los datos de las evaluaciones para identificar los estudiantes en riesgo de desertar la escuela. Esta información ayudará a los maestros y los padres a trabajar juntos para elaborar estrategias de intervención para salvar a los estudiantes antes que sea demasiado tarde.

Muchas veces estos estudiantes sólo necesitan ayuda adicional en materia de lectura. La buena noticia es que disponemos de mucha investigación sobre cómo se puede ayudar a los estudiantes mayores a ser mejores lectores. Sólo hay que garantizar que esta investigación llegue al salón de clase donde puede ayudar a los estudiantes. Por ello el nuevo presupuesto del Presidente aumenta los fondos para nuestro programa Aspirantes a Buen Lector (Striving Readers) a $200 millones. Se trata de un programa que está teniendo un gran efecto en las aulas al aportar a los maestros métodos comprobados científicamente destinados a ayudar a los adolescentes que experimentan dificultades en la lectura.

Desde luego, no es posible saber en qué tienen dificultades los estudiantes a menos que se amplíen las evaluaciones anuales. Hay que medir el progreso de los estudiantes en por lo menos tres grados durante la escuela secundaria de modo que se asegure que ninguno se quede atrás al acercarse a la meta. Es por eso que las evaluaciones son importantes. Es necesario que todos los estudiantes del noveno grado se gradúen a tiempo. Y es necesario que todos salgan del high school con la capacidad para triunfar en la universidad y el lugar de trabajo global que se está haciendo cada vez más competitivo.

Un diploma de high school debe representar un boleto al triunfo en el siglo 21. Y nadie tiene mejor idea de lo que se requerirá para triunfar en el siglo 21 que ustedes. Durante muchos años, ustedes nos han advertido que nuestros estudiantes necesitan desarrollar conocimientos más profundos en matemáticas si desean competir. Y sin embargo casi el 66 por ciento de los empleadores califican de regular a mal a los graduados de high school en matemática. Y peor aún, estudios recientes muestran que nuestros estudiantes van a la zaga en la resolución de problemas con relación a sus compañeros del resto del mundo.

Si Estados Unidos va a seguir siendo el mejor lugar en el mundo para hacer negocios, hay que contar con los mejores estudiantes de matemática. El Presidente ha propuesto $120 millones para una Iniciativa de Matemática en la Educación Secundaria (Secondary Education Mathematics Initiative) a fin de fortalecer la calidad de la matemática en la escuela secundaria media y superior. Estos fondos se utilizarán para dar a los maestros métodos de enseñanza de comprobada eficacia.

También es necesario alentar a nuestros estudiantes a llenar su programa de estudios con materias académicas básicas como la matemática, la ciencia, el inglés, y los idiomas extranjeros. Los estudiantes que toman asignaturas rigurosas tienen una mayor probabilidad de triunfar en la universidad. Por eso me entusiasma ver un número mayor de estudiantes hispanos lograr dominar asignaturas de nivel universitario en los programas denominados Advanced Placement, conocidos por sus siglas en inglés AP.

Hay que ampliar los programas de AP y del Bachillerato Internacional, sobre todo en las escuelas que atienden a los estudiantes que históricamente han recibido una atención deficiente. El 40 por ciento de los high schools todavía no ofrece estas asignaturas. Por tanto, el nuevo presupuesto del Presidente incrementa los fondos para estos programas en 73 por ciento. Hay que mandar una mayor cantidad de estudiantes a la universidad y hay que mandarlos preparados para destacarse.

Hay que actuar inmediatamente sobre estas reformas. Nunca ha habido tanto que perder y tampoco ha habido mayores oportunidades. La brecha en el rendimiento es un problema nacional. Es necesario que todos los norteamericanos, incluso los hispanoamericanos, continúen alimentando el crecimiento económico y cívico, y ese crecimiento depende de la calidad de la educación que se proporciona a nuestros estudiantes hoy.

Por ello hay que seguir por el mismo rumbo con Que Ningún Niño Se Quede Atrás y extender a nuestras escuelas secundarias la promesa de estándares altos y rendición de cuentas contenida en la ley. Espero que tomen una posición a favor de nuestros niños más necesitados. Y espero que hagan las preguntas difíciles respecto a cómo les está yendo a los estudiantes hispanos. Ustedes deben ser sus defensores. Los estados necesitan saber que ya se acabaron los tiempos en que se hacía la vista gorda ante tales problemas.

Ustedes tienen cámaras locales en todos los estados del país. Valiéndose de esta red, pueden tener una poderosa voz a favor de todos los niños y jóvenes, sobre todo los de la comunidad hispana. Como dirigentes locales, saben que la mejor manera de mantener el crecimiento de su economía y la fuerza de su comunidad es cerrando la brecha en el rendimiento. Los estados con los mejores sistemas escolares acaban por tener los mejores empleos. Se necesita su ayuda para hacer correr la voz. Necesito su ayuda. El futuro económico de los Estados Unidos de América depende de nuestro éxito. Debemos trabajar juntos para cerrar la brecha en el rendimiento y compartir el sueño americano con cada ciudadano.


 
Print this page Printable view Send this page Share this page
Last Modified: 02/05/2009